Cómo el micelio sustituye al poliestireno expandido en el embalaje
Del residuo agrícola al bloque protector
Publicado el 14 de marzo de 2024 por el equipo de MicelioVivo
Antes de hablar del bloque conviene mirar el sustrato. La paja de trigo, la cascarilla de arroz y los tallos secos que sobran tras la cosecha llegan al taller limpios, troceados y con la humedad justa. Sobre esa mezcla se siembra el micelio, que en pocos días teje una red de hifas entre las fibras y las mantiene unidas. No hay resina añadida ni aglomerante sintético: la unión la hace el propio hongo mientras coloniza el material.
El molde marca el resto. Cada bloque se cultiva con la forma exacta del producto que va a proteger, así que las esquinas, los huecos y las paredes laterales nacen ya definidos. Cuando la red está cerrada, el bloque se seca para detener el crecimiento y se estabiliza. El resultado es una pieza porosa, ligera y beige, con vetas y sombras que cambian de un lote a otro según el residuo de partida y los días de cultivo.
Qué ocurre cuando el bloque cumple su función
Al final del envío no queda un residuo persistente. El bloque se rompe con la mano, se mezcla con restos vegetales y vuelve al compost, donde se descompone en pocas semanas. Esa vuelta al suelo es la parte que más preguntan quienes reciben el primer pedido, y también la que menos se parece a lo que ofrece una espuma de poliestireno.