Al hablar de calidad en un bloque de micelio conviene precisar el alcance. No prometemos una durabilidad infinita ni una resistencia idéntica en todos los formatos: cada pieza depende del residuo agrícola de partida, de la cepa empleada y del grosor del molde. Lo que sí podemos sostener es un registro por lote y unas mediciones repetibles.
Cuando decimos compostable nos referimos a un entorno de compostaje con actividad biológica real, no a un abandono en cualquier terreno. Y cuando hablamos de protección nos referimos a embalajes frágiles dentro de una cadena de envío razonable, no a usos estructurales ni a cargas permanentes.
Cada lote conserva el origen del residuo agrícola, la cepa de hongo, la fecha de inoculación y las condiciones de cultivo y secado. Si un parámetro se sale del rango previsto, la pieza no entra en circulación.
Registramos densidad aparente, humedad residual, resistencia a compresión y comportamiento ante impacto. Son valores de referencia por formato, no una garantía universal aplicable a cualquier embalaje.
Revisamos porosidad, color beige uniforme y ausencia de contaminantes visibles. Una variación leve de tono es normal en un material cultivado y no indica defecto.
Las piezas que no cumplen los criterios se separan y vuelven al ciclo compostable o se reprocesan como materia prima. No se reintroducen en pedidos sin una nueva verificación.